Miguel Hidalgo

Miguel Hidalgo y Costilla en México

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Situación a Principios del Siglo XX

y Costilla, Miguel (1753-1811), patriota mexicano, nació el 8 de mayo de 1753, en una finca de Corralejos, cerca de . El nombre de soltera de su madre era Gallaga, pero, en contra de la costumbre habitual de los españoles, sólo utilizó el apellido de su padre, Cristóbal y Costilla. Se educó en Valladolid, en México, y se ordenó sacerdote en 1779. Hasta 1809 sólo se le conoció como un hombre de vida piadosa que se esforzó por introducir diversas de industria, incluido el cultivo de la seda, entre sus feligreses de Dolores. Pero la invasión de España por parte de Napoleón en 1808 provocó una gran conmoción. Los colonos se mostraron indispuestos a aceptar a un gobernante francés y mostraron gran celo al proclamar a Fernando VII como rey.

[one_half][/one_half] Sin embargo, las autoridades españolas consideraron sospechosas las que formaron con su propósito de lealtad, ya que estaban destinadas a preparar la independencia de México. Hidalgo y varios de sus amigos, entre los que se encontraba Miguel Domínguez, alcalde de Querétaro, se dedicaron a realizar consultas y preparativos que las autoridades consideraron traicioneros. Domínguez fue detenido, pero Hidalgo fue advertido a tiempo. Reunió a un centenar de sus feligreses y el 16 de septiembre de 1810 tomaron la cárcel de Dolores. Esta dio inicio a lo que de hecho fue una revuelta contra los elementos españoles y criollos de la población. Con el llamado «grito de Dolores», una multitud se reunió en torno a Hidalgo, que tomó como estandarte una maravillosa imagen de la Virgen perteneciente a un santuario popular. Al principio tuvo cierto éxito. Un regimiento de dragones de la milicia se unió a él, y algunos pequeños puestos fueron asaltados. Toda la hueste tumultuosa se dirigió a la ciudad de México. Pero aquí se concentraron los españoles y los criollos. Hidalgo se desanimó y se retiró. Muchos de sus seguidores desertaron, y en la marcha hacia Querétaro fue atacado en Aculco por el general Félix Calleja el 7 de noviembre de 1810, y fue derrotado. Se esforzó por continuar la lucha, y logró reunir una turba estimada en 100.000 personas alrededor de Guadalajara. Con esta multitud mal armada e indisciplinada se posicionó en el puente de Calderón sobre el río Santiago. El 17 de enero de 1811 fue completamente derrotado por Calleja y una pequeña fuerza de soldados. Hidalgo fue depuesto por los otros líderes, y poco después todos ellos fueron delatados a los españoles. Fueron en Chihuahua y condenados. Hidalgo fue primero degradado del sacerdocio y luego fusilado como rebelde, el 31 de julio o el 1 de agosto de 1811.

Revisor de hechos: Alfred

Introducción a Hidalgo y Costilla, Miguel: Perspectivas

El verdadero Hidalgo no existe. Tampoco el verdadero Juárez o el verdadero Zapata. Parece que hay un necesidad casi obsesiva por tratar de conocer la verdad acerca de un personaje o un acontecimiento histórico. Pero en términos de la , la verdad es inalcanzable. La verdad histórica es un mito que construyó la oficial, la cual creímos como dogma de fe por muchos años.

La construcción de héroes o villanos fue una invención del sistema político surgido de la revolución mexicana, con el fin de manipular el pasado a su favor —como toda historia oficial en todo el mundo—. Los héroes desde luego tenían sus nichos en el altar a la patria construido por el sistema priista, y las causas que defendieron eran las mismas que enarbolaba el sistema aunque de manera simulada.

El sistema recordaba a Zapata y su grito justiciero “Tierra y Libertad”, pero tenía controlado y sometido al sector campesino a través de la CNC; el sistema rendía honores a los trabajadores y reconocía sus , pero todo el sector obrero estaba supeditado al sindicalismo charro y a la CTM; el sistema gritaba a los cuatro vientos “sufragio efectivo, no reelección” junto a un inmenso retrato de Madero, pero violentó una y otra vez las elecciones a través de su fraude sistemático y con carro completo. El sistema aplaudía a Juárez y su respeto a la ley, pero jamás construyó un estado de derecho funcional.

Esa historia oficial creó una sola versión del pasado que fue difundida a través de las efemérides escolares en lunes de honores a la bandera, del discurso patriótico en fechas cívicas, de recreaciones broncíneas para la Hora Nacional, y desde luego a través del libro de texto gratuito.

El sistema político diseñó una historia de buenos contra malos, de altares de la patria e infiernos cívicos, de héroes y villanos, sin matices, en blanco y negro. A partir de la segunda mitad del , el sistema no le enseñó historia a los , sino que los adoctrinó con su catecismo de historia patria.

Desde esta lógica, los héroes del panteón cívico nacional son personajes unidimensionales: perfectos e infalibles, sin dudas ni temores. La historia oficial incluso les arrebató la humanidad y los convirtió en estatuas de mármol y bronce y, en no pocos casos, les quitó hasta su nombre de pila. Miguel Hidalgo se transformó en el Padre de la Patria, José María Morelos en el Siervo de la Nación, Francisco Ignacio Madero en el Apóstol de la Democracia, Benito Juárez en el Benemérito de las Américas.

La historia oficial fue arrollada por la transición democrática; desde finales del , la sociedad comenzó a tener alternativas para confrontarla y cuestionar toda la serie de mitos y visiones maniqueas construida durante décadas. La verdad histórica no existe, existe el hecho objetivo: la fecha del nacimiento o la muerte, el resultado de una batalla, la expedición de una ley, el levantamiento armado. Acontecimientos todos que no se pueden negar y que no están sujetos a , ocurrieron y es todo.

El historiador parte de esos hechos objetivos y comprobables para investigar y comenzar a reconstruir el pasado con todos los elementos que tiene a su alcance: fuentes documentales, fuentes iconográficas, fuentes bibliográficas, estudios historiográficos, memorias, autobiografías, correspondencia, discursos, diarios o notas sueltas.
Pero por más fuentes que logre reunir, nunca podrá reconstruir a un personaje o un acontecimiento histórico al 100% — ni siquiera uno mismo podría reconstruir su vida día por día—. Por eso la verdad histórica es inalcanzable, por eso la historia es ; cada historiador interpretará de un modo diferente un mismo acontecimiento y llenará los huecos donde falte información con suposiciones, conjeturas, hipótesis que parten de su investigación; además su interpretación estará determinada por su formación intelectual, su pensamiento, su ideología. (…)

No existe el verdadero Hidalgo. Existió un personaje nacido en 1753, criollo, cura de pueblos del Bajío, la mente más privilegiada de su generación —en voz de sus propios contemporáneos—, que un buen día conspiró contra la Corona española.

Autor: Carlos /Silva

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Recursos

Notas y Referencias

Véase H. H. Bancroft, The Pacific States, vol. vii., que contiene una copiosa bibliografía.

Véase También

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